| Con demasiada frecuencia se escucha la frase “pues yo no uso
antivirus y todavía no me he infectado nunca”. Tal vez hace tiempo esto podría ser posible, dado
el escaso número de códigos maliciosos que existían. Sin embargo, hoy por hoy, y con una fauna
vírica conformada por más de 70.000 ejemplares, es bastante difícil. Un error habitual es pensar que
los autores de virus tienen como objetivo únicamente borrar archivos de los discos duros en el máximo
número de ordenadores posible. Cada vez con más frecuencia entran en la escena de Internet los ladrones
cibernéticos, es decir, delincuentes especializados en realizar fraudes a través de la Red para obtener
un beneficio económico.
Otro error es pensar que en nuestro ordenador no haya nada que pueda interesar a cualquier posible
delincuente. Bien, ¿estamos seguros de que nunca hemos introducido un número de cuenta o de tarjeta
de crédito en un formulario de Internet, aunque sólo fuese “por probar”?; ¿tampoco utilizamos ningún
tipo de servicio online donde podamos consultar nuestro consumo de luz o teléfono y en el que pueden
verse nuestros datos bancarios?; ¿acaso nuestro proveedor de Internet no tiene un espacio donde poder
modificar nuestros datos personales?
Los ladrones cibernéticos conocen muy bien esta situación. Saben que la información que desean
está al alcance de su mano, y que tan sólo hace falta la herramienta para extraerla. Esto podría
parecer la parte difícil. Sin embargo, hace mucho tiempo que se inventó: el troyano. A diferencia
de los virus o los gusanos, y aunque hay excepciones, los troyanos no borran archivos, ni muestran
ventanas con mensajes absurdos, ni siquiera envían mensajes de correo electrónico infectados. Y, pese
a todo, un troyano puede robar todo tipo de información, o permitir el paso de cualquier indeseable a
nuestro sistema, o incluso hacernos perder el control totalmente sobre las acciones que lleva a cabo
nuestro equipo.
Además, los troyanos pueden servir a los delincuentes para utilizar nuestra conexión a Internet
y así lanzar ataques desde nuestro ordenador. De esta manera, el destinatario del ataque únicamente
detectaría que el daño ha sido originado desde el ordenador infectado, y no desde el del hacker. Esta técnica,
utilizando ordenadores como puente, también puede llevarse a cabo encadenando varios sistemas, lo que hace aún
más difícil la localización del atacante original.
Los troyanos no suelen emplear el correo electrónico para propagarse porque son mucho más sutiles.
Muchas veces se esconden en descargas de programas desde Internet, o se instalan directamente en los
ordenadores gracias a una vulnerabilidad cuando el usuario visita una página web.Como conclusión puede
decirse que confiar la seguridad de nuestros equipos únicamente al sentido común o la prudencia es,
en estos tiempos, una temeridad. Si queremos estar seguros de que nuestros ordenadores no están siendo
víctimas de ataques, la mejor solución es utilizar un antivirus adecuado y que se actualice al menos una
vez al día.
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